La curiosa historia de los cubiertos

Desde el principio de los tiempos el hombre ha utilizado sus manos para comer. Las  descripciones que dan los autores de la antigüedad demuestran que en el Imperio Romano se comía con los dedos. El poeta Ovidio recomendaba a las damiselas que aprendiesen a comer con pulcritud y a llevarse los alimentos a la boca sin mancharse la ropa ni la cara, y sin llenar las manos; solo con las puntas de los dedos.

Esas mismas reglas o etiquetas a la hora de sentarse a la mesa persistieron durante la Edad Media. En esta época, aparece el “Codex Romanoff” (aprox. 1490), atribuido a Leonardo Da Vinci, en el que indican hábitos indecorosos en la mesa, como: escupir frente al frutero o roer la fruta y volver a dejarla, poner la cabeza sobre el plato para comer, coger sin consentimiento comida de otros comensales, utilizar su cuchillo para hacer dibujos sobre la mesa, meter el dedo en la nariz o en la oreja mientras se está hablando, o poner comida en el bolso para ingerirla más tarde.

Mantener la boca cerrada mientras se mastica y no hablar con la boca llena, limpiarse los labios antes de beber de la copa, no agarrar la ración más grande de la fuente, o usar prolijamente la servilleta, eran otros buenos hábitos en la mesa, recogidos en la “Menanger de Paris”, publicada en el siglo XIV.

El utensilio de mesa más antiguo fue el cuchillo, seguido por la cuchara. En el caso de las clases más bajas, el cuchillo era más que suficiente para cortar la comida, ya que la carne generalmente se engullía, evitándose así su descomposición. En las cenas con invitados, el cuchillo que utilizaba cada uno siempre era el propio de cada uno, y nunca era proporcionado por el anfitrión. Junto al plato se disponía de un tazón de agua donde los comensales podían lavarse constantemente las manos.

Pese a los tímidos intentos de introducir la costumbre del uso del tenedor desde principios del siglo XI en Europa, no se generaliza hasta ya entrados en el siglo XVIII, cuando los comensales empezaron a utilizar su propio plato, vaso, cuchillo, cuchara, tenedor y servilleta (que debía colgarse sobre el pecho y no anudarse alrededor del cuello), y comer su propio pan.

A partir del reinado de Isabel la Católica, los hombres y las mujeres comenzaron a comer en la misma mesa, corriendo el riesgo de la supuesta promiscuidad. Se lavaban las manos en palanganas de plato y luego se rezaba una oración. Entonces era permitido escupir en el suelo, limpiarse las manos con migajón de pan y comer con el sombrero puesto; costumbres que fueron modificándose a través del tiempo.

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